¡Muy buenas, amigos viajeros!
¿Recordáis que en nuestra primera excursión a la Rambla de Castro nos encontramos con un ejemplar de drago? Seguro que os quedasteis con las ganas de saber más sobre esta especie y sobre las mágicas leyendas que la rodean. Pues hoy, en el Club de las Hespérides, vamos a hacer un pequeño recorrido por el norte de la isla para descubrir más sobre sobre estos misteriosos árboles. ¿Por qué no os venís? Nuestra primera parada será en el municipio de Los Realejos.
Como ya sabéis, la mitología griega situaba el Jardín de las Hespérides en las Islas Canarias, de ahí el nombre de nuestro Club. Pues bien, dicho jardín estaba custodiado por un feroz dragón, del que se dice que poseía 100 cabezas, llamado Ladón, que había sido enviado por la diosa Hera para proteger su huerto de manzanas de oro. Sin embargo, Heracles (o Hércules) llegó al jardín en busca de los dorados frutos, como parte de sus Doce Trabajos. Allí se enfrentó al dragón y lo mató. Se dice que, tras su muerte, la sangre de Ladón corrió por la tierra y germinó con la forma de nuestros dragos centenarios, a los que se les consideró desde entonces como los hijos del dragón.
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| Drago de San Francisco (Los Realejos) |
Y aquí estamos, en Los Realejos, contemplando uno de los ejemplares de drago más bellos e importantes de la isla, el de San Francisco. No cabe duda de que la forma de sus muchas ramas, que salen retorcidas desde el grueso tronco y se elevan hacia el cielo, bien podrían ser las 100 cabezas de Ladón, ¿no creéis? Bien, sigamos avanzando.
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| Drago de Sietefuentes (Los Realejos) |
Y éste que tenemos aquí es el Drago de Sietefuentes, que también se encuentra en Los Realejos y cuenta con varios siglos de antigüedad. ¿Sabíais que estos gigantes florecen cada 15 años? Dicen que es uno de los mayores espectáculos de la naturaleza. Ojalá en el Club tengamos la oportunidad de visitarlos cuando estén en flor.
| Dragos Gemelos (Los Realejos) |
Situados cerca de la entrada a la Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción, contemplar estos dos ejemplares de drago, prácticamente idénticos (de ahí su nombre de Dragos Gemelos), es una auténtica delicia. ¿No os parecen dos altos guardianes protegiendo la entrada de la Iglesia? Dignos hijos de Ladón, de eso no hay duda.
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| Drago de Los Príncipes (Los Realejos) |
Y terminamos con el Drago de Los Príncipes, llamado así debido a los terrenos en los que se encuentra, pues éstos pertenecieron en su día a la Hacienda de Los Príncipes. Aunque, hoy en día, este drago se encuentra junto a una antigua construcción abandonada, vale la pena venir hasta aquí para contemplarlo y escuchar las miles de historias que este árbol seguro ha vivido a lo largo del tiempo.
Ya hemos visto algunos de los ejemplares de drago más importantes en Los Realejos, pero hemos reservado para el final uno en particular, el más famoso del archipiélago, tanto por su tamaño y longevidad, como por las leyendas en torno a él. Nos referimos, por supuesto, al Drago Milenario, que se encuentra en el municipio de Icod de los Vinos. Y es allí hacia donde nos dirigiremos ahora. ¡En marcha!
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| Drago Milenario (Icod de los Vinos) |
Impresionante, ¿verdad? Los expertos han discutido largo y tendido sobre la edad que podría tener este maravilloso ejemplar, llegando a la conclusión de que podría oscilar entre los 800 y los 1.000 años, aunque algunas leyendas sitúen su nacimiento mucho más atrás, hasta hace más de 3.000 años.
La literatura en torno a los dragos siempre ha preferido encaramarse a las ramas de la fantasía, debido a su curiosa forma, a los cientos de años que pueden llegar a vivir, a las cualidades mágicas que se les atribuían y a las leyendas que los relacionaban con los dragones. En el Club de las Hespérides sentimos una clara debilidad por este tipo de mitos, y no podíamos dejar pasar la oportunidad de compartir éste con vosotros.
Nosotros nos retiramos de vuelta a nuestro querido jardín, pero no sin antes contaros una antigua leyenda guanche sobre este Drago Milenario que ahora contemplamos.
"Una tarde remota en el pasado, cierto navegante mercader llegaba de las costas atlánticas en busca de sangre de drago, producto muy en boga y de gran importancia en la elaboración de ciertas preparaciones, y desembarcó cerca de la playa de San Marcos, en Icod de los Vinos, para llevar a efecto su lucrativo propósito.
Estando ya en la playa, sorprendió allí a unas jóvenes guanches, que conforme al rito tradicional se bañaban solas en el mar aquella tarde veraniega. El intruso las persiguió, logrando apoderarse de una de ellas. Ésta trató astutamente de conquistar el corazón del extraño viajero para distraerlo y lograr huir y, mostrándole signos de consideración y amistad, le ofreció algunos hermosos frutos de la tierra.
Para aquel navegante, que venía tras la sangre del drago, y traía en la imaginación y en el alma el mito helénico de las Hespérides, los frutos que aquella dama le ofreciera, pudieron muy bien parecerle las manzanas del mítico jardín. Mientras él comía gustosamente, desprevenido, la bella aborigen saltó ágil al otro lado del barranco y, a todo correr, huyó hacia el bosquecillo cercano, escondiéndose tras la arboleda.
El viajero, sorprendido en principio, trató de perseguirla, pero vio con sorpresa que algo se interponía en su camino, que un árbol extraño movía sus hojas, como dagas infinitas, y que el tronco, parecido al cuerpo de una serpiente, se agitaba con el viento marino.
El navegante lanzó el dardo que llevaba en sus manos contra lo que a él se le figuró como un monstruo, con gran miedo y asombro, y al quedarse clavado en el tronco, del extremo de la jabalina empezó a gotear sangre líquida del drago.
Confuso y atemorizado, el hombre huyó laderas abajo, subió a su pequeña barca y se alejó de la costa, mientras iba pensando, en su corazón, que había sorprendido en el jardín a una de las Hespérides, a la que salió a defender el mítico Dragón."
Así que mucho cuidado, amigos viajeros. ¡Los dragones están al acecho!





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